Menorca

el mejor destino

Menorca, la isla de las mil caras

Para nosotros, Menorca es la isla más bonita del archipiélago balear y constituye una visita ideal para gente de todas las edades, ya que ofrece calas de ensueño, monumentos culturales y una biodiversidad ambiental envidiable. Menorca es el destino ideal para las familias que quieren descansar combinando visitas culturales con calas y playas que poco tienen que envidiar al Caribe.

Si vas en pareja, Menorca también te sorprenderá. Calas escondidas, pueblos pesqueros de lo más pintorescos, parques naturales, puestas de sol mágicas… Pocos lugares en España desprenden la magia y la intimidad que se respira en los rincones más románticos de Menorca.

Por si todavía andas un poco perdido y aún no te hemos convencido, entra a conocer las playas y calas que nos ofrece la isla y despeja tus dudas. Además, si eres más de acción, Menorca ofrece múltiples rutas de senderismo, cicloturismo y submarinismo.

Como dato de interés, la UNESCO declaró Menorca Reserva de la Biosfera en 1993, debido a su diversidad ambiental y sus valores naturales. ¡La isla de las mil caras!

La Menorca prehistórica

Los restos arqueológicos han demostrado que la isla de Menorca fue poblada a comienzos de la Edad de Bronce, probablemente por habitantes de la Península Ibérica y de Cerdeña.

En la isla se desarrolló una cultura similar a la de su hermana mayor, la isla de Mallorca, influida por la cultura del Argar y diversas corrientes mediterráneas.

Si algo caracteriza a Menorca son sus monumentos megalíticos. La llamada cultura talayótica dejó en Menorca tres construcciones típicas: talayots, navetas y taulas.

Los talayots, de los que hay más de 250 en una docena de asentamientos, tenían varias funciones: de vigilancia, de monumento funerario o ritual, o de mera residencia del líder del poblado.

Las navetas son construcciones funerarias casi exclusivas de Menorca. A destacar la de Es Tudons, la de Biniac-L´Argentina y la de Rafal Rubí.

Las taulas, exclusivas de Menorca, se componen de dos grandes piedras en forma de T, una vertical y otra horizontal y abundan por toda la isla: Talatí de Dalt, Torre d’en Galmés, Torralba d´en Salort, Binimassó, Binissafullet, Comerna de Sa Garita, San Agustí Vell, So na Cacana, Son Catlar, Torrellafuda, Torretrencada, y Trepucó, entre otras.

De los fenicios a los musulmanes

Tras estos primeros pobladores llegarían a la isla los fenicios y los griegos. Cuenta la leyenda que los fenicios denominaron a Menorca como Isla de Nura, que significaba “tierra de fuego” y los griegos Meloussa “lugar de ganado”.

En el año 205 a.C., los cartagineses al frente del general Magón, incorporaron la isla a su imperio y su general dio nombre a la ciudad que fundó, Mahón.

En el 123 a.C., Quinto Cecilio Metelo conquistó Menorca para Roma. “Portus Magonis”, como denominaron los romanos al puerto de Mahón, se convirtió en un importante punto estratégico y Mahón en una próspera ciudad.

En el año 427, Menorca pasó a depender de los vándalos del norte de África y en el 534 fue conquistada por Flavio Belisario para el Imperio Bizantino.

La época musulmana

En el año 903 los árabes conquistaron la isla para el Califato de Córdoba, donde permanecerían durante casi cuatro siglos. Ciudadela, a la que llamaban “Jamma”, se convirtió en la capital de la isla.

La influencia árabe en la idiosincrasia y toponimia de la isla fue enorme. El amor de los menorquines a los caballos proviene de aquella época (como queda patente en sus fiestas).

Menorca formó parte del mundo musulmán hasta que Imperio Almohade fue derrotado por Jaime I el Conquistador.

Jaime I permitió que en Menorca surgiera la Taifa de Menorca o Reino de Menorca a cambio de pagar un vasallaje. De esta forma Menorca, por unos años, fue reino “independiente”.

El 17 de enero de 1287, las tropas de Alfonso II el Liberal derrotaron a las del último almojarife de Menorca, Abu Umar, e incorporaron el efímero Reino de Menorca al Reino de Aragón. La población musulmana fue esclavizada y poco a poco deportada y, en su lugar, la isla fue repoblada con catalanes.

Menorca en el Reino de Mallorca y en el Reino de Aragón

Tras la conquista por el Reino de Aragón, la historia de Menorca transcurre de forma paralela a la de Mallorca.

De 1298 a 1343 formó parte del Reino de Mallorca.

En 1343 Pedro IV el Ceremonioso venció a las tropas del Reino de Mallorca e incorporó de pleno las islas al Reino de Aragón.

Durante su dependencia de la Corona de Aragón, Menorca se benefició del poder comercial y marítimo que la Corona extendió por todo el Mediterráneo.

Desde principios del siglo XV Menorca vivió su peculiar guerra de las germanías, las luchas entre forenses “hidalgos” y los ciudadanos “campesinos”, y, además, estuvo a merced de las razzias moras, lo que dio lugar a que la isla casi se despoblase.

El 17 de enero de 1287, las tropas de Alfonso II el Liberal derrotaron a las del último almojarife de Menorca, Abu Umar, e incorporaron el efímero Reino de Menorca al Reino de Aragón. La población musulmana fue esclavizada y poco a poco deportada y, en su lugar, la isla fue repoblada con catalanes.

Menorca Inglesa

En el siglo XVIII la historia de Menorca fue realmente convulsa. Pasó de manos de los ingleses a las de los franceses y posteriormente a las de los francoespañoles. Hasta los primeros años del siglo XIX no volvió a manos españolas.

En la Guerra de Sucesión al trono de España, Menorca se inclinó por el Archiduque Carlos, a pesar de la oposición de una importante parte de los ciudadanos partidarios de Felipe V encabezados por el general Dávila.

Los partidarios de Felipe V no pudieron resistir el ataque de la escuadra inglesa mandada por el general Laeke y, en septiembre de 1708, Menorca fue conquistada por los ingleses.

Por el Tratado de Utrech de 1713, Felipe V cedió Menorca a Gran Bretaña, iniciando la primera época inglesa, dominio que permanecería hasta 1756.

En 1756 fue conquistada por los franceses bajo el mando del duque de Richelieu y, siete años después, por el Tratado de Paris de 1763, fue devuelta a Gran Bretaña. Esta segunda etapa inglesa duró hasta 1782, en que fueron expulsados por las tropas francoespañolas mandadas por el general Crillón.

De 1798 a 1802 de nuevo fue ocupada por los ingleses y, tras el Tratado de Amiens, fue definitivamente entregada a España.

Durante la dominación inglesa el gobernador Kane trasladó la capital a Mahón y Menorca vivió, sobre todo la nueva capital, su mejor época por la expansión comercial que supuso la presencia en su puerto de la armada inglesa y de los barcos corsarios de pabellón inglés.

Del siglo XIX a la actualidad

En 1808, durante la guerra contra Napoleón, Menorca se puso de parte de Fernando VII.

Tras la guerra la isla recibió numerosos refugiados catalanes. Sin embargo, a partir de 1825, sufrió una fuerte emigración hacia La Florida, Las Antillas, América del Sur y muy significativa hacia Argelia.

Durante el reinado de Isabel II, en 1852, se construyó la Fortaleza de la Mola, que pronto se convirtió en presidio militar y que mantuvo este destino hasta 1968.

A finales del siglo XIX la construcción naval y la fabricación de calzado aliviaron la precaria situación de la isla.

Durante la Guerra Civil española Menorca no sufrió grandes males. Estuvo de parte de las tropas republicanas hasta que ya, al final de la guerra, en febrero de 1939, fue tomada por las tropas nacionales. Hubo fusilamientos hasta que los republicanos controlaron la isla, además de un intento de desembarco por parte de las tropas nacionales en 1937 y también recibió bombardeos de la aviación italiana.

En el siglo XX la historia de Menorca ha seguido marcada por la emigración endémica y por el florecimiento de la industria del calzado y cuero, de la bisutería y del turismo.

El sector primario ha ido perdiendo importancia de forma lenta y constante.

La venta de calzado ha caído en los últimos años, aunque en la última década y gracias a algunas marcas de prestigio internacional se ha recuperado en parte. La bisutería no ha sabido adaptarse a la competencia, principalmente asiática, y está casi extinguida.

El turismo ha supuesto un cambio social y demográfico radical para Menorca y es su principal fuente de riqueza, aunque parte de los menorquines lo consideren una agresión a su forma de vida y aún siguen oyéndose voces en su contra.

La evolución del turismo marcará el futuro de la isla. Compatibilizar los objetivos de la declaración de Reserva de la Biosfera con un crecimiento turístico que respete su patrimonio natural y ecológico es lo que hará de Menorca un destino único y diferenciado.

Cocina menorquina

Hay zonas que huelen a mar, otras que huelen a campo, en el puerto de Mahón se nota el aroma dulce y picante del licor… Menorca tiene una gran riqueza gastronómica, que toma los frutos del mar y de la tierra en sabias combinaciones.

Gracias a las diferentes culturas que han habitado la isla, la gastronomía menorquina puede presumir de haberse enriquecido con influencias árabes, inglesas y francesas, tomando como base la dieta mediterránea.

Menorca se enorgullece de sus productos locales, tanto de pescado y marisco, como los de recolección, como alcaparras, caracoles o espárragos. La ganadería, por su parte, da excelentes productos lácteos y una de las mejores mantequillas del mundo.

Especialmente famosa es la caldereta de langosta que se puede degustar en Fornells o en el puerto de Ciudadela, sin olvidar las formatjades, flaons y rubiols o los dulces crespells pastissets típicos de cualquier celebración isleña.

¿Qué tal si todo se riega con una degustación del magnífico Xoriguer?